miércoles, 7 de mayo de 2014

los 3 errores más comunes del inversor (a mi juicio)



  1. Creer que los argumentos de uno pueden vencer a la tendencia. Esto de un modo u otro nos pasa a todos, como seres que razonamos y que gustamos de tener razón y de defender nuestras posturas creemos que por ser lo más lógico y razonable lo que hemos decidido ello nos va a llevar a vencer a “los mercados”, pero olvidamos que en muchas ocasiones la bolsa no se comporta con racionalidad y que -como dice Campuzano de Citibank- “aunque no tenga la razón, el mercado siempre tiene más dinero que nosotros”. Lo hemos visto en aquellos que con buena lógica compraron acciones de Apple a 600$ hace año y medio con el argumento de sus grandes beneficios y su gran liquidez sumado a la tendencia alcista de la bolsa norteamericana y a que había retrocedido desde los 700$. Un buen razonamiento pero no fue acertado. Mi mayor descalabro como inversor también se produjo con muy buenos argumentos…
  2. No establecer límites máximos de pérdidas. Esto es quizás lo que más nos cuesta a todos, saber perder, pero es algo necesario. Aguantar (y su derivación más común, doblarse) y ver cómo buscando una rentabilidad del 10% ,en pocas semanas una inversión ha perdido una cuarta parte de su valor, es un error demasiado común y demasiado peligroso. Las fuertes bajadas de 2008 debían haber expulsado estos comportamientos de los mercados pero el fuerte rebote desde marzo de 2009 volvió a hacer creer a muchos que la forma de ganar en bolsa es aguantar y aguantar. Es un error, se pierde dinero, coste de oportunidad, comisiones y el efecto inflación. Casi todas las bolsas de las economías desarrolladas apenas han ofrecido rentabilidad real este siglo: eso es un dato, no una opinión. La idea de que a largo plazo la bolsa es la inversión más rentable procede de una larga racha alcista que se vivió a fines del siglo pasado que hace ya muchos años que no es cierta. Y eso que hablamos de índices, que como ya he explicado alguna vez, siempre tienen un sesgo alcista tramposo porque cuando un valor de un índice de referencia cae mucho se le expulsa y deja de salir “en la foto”, son famosos los casos de Lehman, GM, Fannie Mae, Freddie Mac…en España quizás el mayor ejemplo fue Terra, pero ha pasado con muchas compañías más pequeñas como Prisa o Zeltia.
  3. No diversificar. Esto parece muy obvio y de hecho el propio dicho popular lo dice “no hay que meter todos los huevos en la misma cesta” y cualquier gestor es lo primero que aconseja cuando alguien se quiere iniciar en bolsa. Sin embargo, sigue siendo muy común. Eso nos da una idea de lo poco que esta crisis nos ha enseñado: seguimos sin diversificar nuestras inversiones ni por productos ni por sectores ni por países. Eso provoca que a cualquier movimiento brusco -de los que ocurren por desgracia muy a menudo de forma imprevisible- en contra se le pueda sumar alguna noticia adversa concreta y específica que haga peligrar la rentabilidad de toda la cartera, ya lo vimos en España no hace mucho con el sector renovables (suspensión de subvenciones), por eso siempre se aconseja diversificar. Y si eso ocurre a nivel individual, imaginaos a nivel empresarial y bancario lo peligroso que es concentrar tanto la inversión. Y es que es algo que se escapa del ámbito de las inversiones personales y precisamente su existencia y su ausencia han sido protagonistas claves de esta crisis: qué diferente hubiera sido la intensidad de la crisis en España si el modelo productivo en los años de bonanza no se hubiera concentrado tanto en el ladrillo y cuanto peor estaríamos si nuestras grandes empresas no hubieran sabido diversificar -al menos geográficamente- para compensar unas zonas económicas con otras: Santander, Telefónica, Inditex etc. La propia Apple de la que antes hablé, supo reinventarse y ampliar sus negocios a los móviles y las tabletas, ¿dónde estaría si siguiera fabricando sólo PC´s?. El problema de no diversificar puede afectar, además de a la rentabilidad, también a la solvencia, en el caso de empresas y entidades financieras pequeñas y con un negocio más concentrado. Es uno de los problemas que tuvieron las cajas de ahorros españolas sin ir más lejos.

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