jueves, 24 de mayo de 2018

Las lenguas de Internet

Infografía: China, un mercado con más de 800 millones de usuarios de Internet  | Statista

miércoles, 23 de mayo de 2018

Errores de inversión subvencionados

Hace años tuve una compañera que perdió mucho dinero con la estafa de Fórum Filatélico, además el caso fue especialmente doloroso porque su hermana encontró trabajo con ellos y era casi una obligación no sólo meter su dinero ahí, también buscarle clientes. Eso supuso que casi toda su familia y muchos de sus amigos acabaran entrampados. Ella era administrativa pero estaba en una empresa del sector financiero, yo mismo le advertí cuando me lo propuso que si algo pasaba eso no estaría cubierto por nadie y que no me fiaba. Fue triste lo que le pasó a ella y a su familia y a los miles de afectados. Tras muchos años, los activos se liquidaron y lo que quedó no fue suficiente para cubrir el agujero. Aunque también es cierto que durante meses tuve que oír la cantinela de “¿Cuánto te está dando el banco por tu dinero? Mira qué buena rentabilidad tengo yo con los sellos.” Algo que también escuché decir a alguien respecto a los pagarés de Rumasa, las hipotecas multidivisa… o cuando la gente ganaba dinero con Terra.

Por supuesto generalizar siempre es injusto, hay gente que fue engañada y con la crisis han salido a la luz hipotecas con condiciones que el notario no resaltó como era su deber, preferentes (en realidad deuda perpetua) que se adjudicaron a ancianos, salidas a bolsa con información falsa como con Bankia etc. Pero también es verdad que en muchas ocasiones mucha gente arriesgó su dinero sin la suficiente información, creyéndose más listo que los demás y buscando el pelotazo. Como es muy difícil dilucidar los de un grupo u otro lo políticamente correcto siempre ha sido ponerse del lado de los afectados. Pero hay diferencias, una cosa es que un banco, justa o injustamente, pague por –un ejemplo- las hipotecas con suelo que colocó y esa factura recaiga en los accionistas de ese banco (o como mucho en sus clientes vía comisiones) y otra es que todos los españoles tengamos que pagar porque alguien compró acciones de una empresa que luego quebró. Y todo esto me ha venido a la cabeza porque hace unas semanas, con motivo de su nombramiento para subgobernador del BCE, salió el tema de las cuotas de la CAM, debido a que Lehman Brothers España fue el coordinador de la colocación y Luis de Guindos, entonces su director, las piropeó en unas desafortunadas declaraciones que, no obstante, tuvieron una ración de verdad ya que dijo que iban a hacer historia y así fue. Veamos qué pasó con ellas:

La idea de que las cajas de ahorros pudieran financiarse saliendo a bolsa es muy antigua y la forma de hacerlo fue ideada por el exministro Carlos Solchaga en 1991: cuotas participativas que cotizarían como acciones pero sin que los adquirientes tuvieran derechos políticos. Una forma de obtener liquidez nueva sin emitir deuda. En verano de 2008 la CAM se convirtió en la primera caja de ahorros del mundo en salir a bolsa poniendo en circulación el 7,5% de su valor patrimonial en una OPS en la que el 65,5% fue para minoristas y el resto fue para entidades -que difícilmente pueden alegar ignorancia- del estilo de JP Morgan, Deutsche, Societé, UBS… hasta el –hoy famoso- fondo soberano noruego compró entonces. Y eso que era 2008 y ya estábamos en crisis y menos de dos meses después quebró Lehman Brothers. Veamos cual fue su evolución bursátil –dejó de cotizar en 2014- y comparémosla por ejemplo con la del Banco Santander durante el mismo periodo:


Como podemos apreciar, durante más de dos años los que acudieron a la salida a bolsa de las cuotas de la CAM o ganaron dinero o perdieron mucho menos que el accionista tipo. Yo recuerdo en el foro de Invertia a un forero presumiendo –por eso se me ha ocurrido compararlo precisamente con la evolución de la cotización del Santander- lo bien que se estaba comportando la CAM en comparación al mayor banco del país, especialmente en 2010 cuando empezó la crisis soberana griega y se frustró en España el rebote bursátil global iniciado en marzo de 2009. Lo que pasó después es que la CAM –como tantas otras cajas- se fue a la insolvencia. En vez de quebrar (lo que también hubiera tenido un alto coste, todo hay que decirlo) fue saneada con miles de millones de dinero público y después fue comprada por 1€ por el Banco Sabadell (nadie más la quiso, ni regalada) que, sin estar obligado a ello porque ellos compraron el banco CAM y las cuotas eran de la extinta caja de ahorros, ofreció en verano de 2012 una pequeña compensación –algo similar a lo del Santander con los accionistas del Popular- que aceptaron un tercio de los 55 mil minoritarios que quedaban. En 2014 la Fundación CAM, gestora de la obra social de la extinta caja, decidió amortizar las cuotas valorándolas en cero euros. A los afectados sólo les quedaba recurrir judicialmente aunque hace unas semanas la famosa juez Lamela  volvió a archivar la causa al no apreciar delito alguno. La pregunta es: En esos miles de millones que perdimos todos los españoles en evitar que la CAM quebrara, ¿deberíamos haber incluido una compensación para que esas personas que decidieron invertir su dinero ahí no perdieran el suyo? Decidid vosotros…

Si algo positivo podemos extraer de otras burbujas estalladas es que en algunos activos el erario no tuvo que pagar nada como en la reciente del Bitcoin y del resto de las criptomonedas, lo cual es una gran noticia. Tampoco hay nadie que haya reclamado indemnizaciones al erario por lo que pierden algunos utilizando CFD´s y sin embargo las autoridades están yendo a por ellos ante las enormes pérdidas de la mayoría, reduciendo por ley el apalancamiento que permiten los brókers. Por ejemplo, un inversor no profesional pasará de necesitar tan sólo 24€ para comprar o vender 1 CFD del Dax alemán (suponiendo un precio del índice en 12 mil) a necesitar 600€. La diferencia es enorme y puede que ayude a algunos ludópatas de los mercados a no arruinarse pero no deja de ser una decisión que coarta la libertad de cada uno de perder su dinero como le parezca. En resumen, se actúa para, supuestamente, defender a adultos que deciden especular con un producto que por todas partes se le advierte es muy peligroso, fastidiando a otros que lo saben utilizar. Si tan niños somos, ¿cómo es que nos permiten votar?

miércoles, 16 de mayo de 2018

¡Viva el gasto!

En economía es famosa la pelea entre keynesianos y liberales, que se ha simplificado para el gran público en intervencionismo público o no en la economía, e incluso en izquierdas y derechas. La similitud de las acciones de los gobiernos de todas las ideologías en la mayoría de países del mundo desde que cayó el Muro, deja claramente como vencedor al bando de Keynes, cuyas teorías han servido a la mayoría tanto para explicar lo ocurrido en la última crisis como para encontrar soluciones… y son aplicadas tanto por gobiernos muy conservadores como el de Abe en Japón como en la Portugal gobernada por una coalición de izquierdas. Cuando desde 2010 los países de la Eurozona empezaron a recortar los déficits, medida anti-leynesiana en época de crisis, parecía que se tomaba otro rumbo pero gracias a la expansión monetaria de BCE decidida en 2012 en el fondo se mantuvo la misma política.

Sin embargo, a Keynes le han traicionado mucho y ahora que la crisis se está dejando atrás, aún más ya que se olvida uno de sus principios más acertados: que la política fiscal debe ser contracíclica, es decir, debe ser expansiva en los momentos de crisis, bajando impuestos y elevando el gasto, y contractiva en las fases expansivas, reduciendo el crecimiento del gasto y evitando recortes de impuestos para reducir de ese modo el endeudamiento excesivo generado en la fase recesiva. Y los PGE de 2018 (que podría haber firmado un gobierno del PSOE que sería duramente criticado por una oposición del PP) caen en esa traición ya que tenemos el déficit más grande de la Eurozona y a pesar de eso bajamos impuestos y subimos pensiones y salarios públicos (medidas electoralistas de corto plazo) mientras recortamos en el largo plazo manteniendo la inversión pública en mínimos históricos. No es que yo sea un fan incondicional de Keynes pero justo en lo que encuentro más acertado de él es en lo que menos caso se le hace.

¿Por qué no comulgo con muchas teorías de Keynes a pesar de reconocer su enorme valía como economista? Sobre todo por sus críticas al ahorro. Me explico: el dinero de una sociedad puede destinarse al consumo, a la inversión o al ahorro. Según él tanto el consumo como la inversión son actividades productivas que permiten aumentar el empleo y dinamizar la economía; en cambio el ahorro supone dejar ocioso ese recurso. Cuanto más aumenta el ahorro y disminuye el consumo y la inversión peor irá la economía. Dado que los mercados cíclicamente se enfrentan a incertidumbres que los empresarios intentan combatir mediante el atesoramiento de dinero, hay que sustituir esa parte de la economía que tiende a permanecer pasiva. La misión del Estado cuando pasa eso es, por un lado, buscar empleo a esos recursos ociosos (mediante rebajas de tipos de interés e incrementos del gasto público) y, por otro, reducir la incertidumbre (generalmente con proyectos sufragados por el erario público). Exactamente lo que las autoridades financieras y políticas hicieron tras la quiebra de Lehman Brothers.

Dejando de lado el debate sobre el intervencionismo en la economía, Keynes claramente da por hecho que la riqueza se genera gracias al consumo, ve el ahorro como algo negativo y cree que la recesión es culpa –poco más o menos- de la irracionalidad de los consumidores que frenan el gasto. Hay muchos autores que han demostrado que económicamente el ahorro es bueno (y a mi me parece muy peligroso que esté bajando tanto en España) pero creo es más fácil recurrir al sentido común: si nadie ahorrara y todos gastáramos todo –incluidas las empresas- sólo podríamos progresar y financiar los proyectos (aún menos tendrían acceso a vivienda y coche en propiedad) recurriendo al endeudamiento. Y ya hemos visto lo que esto significa para la economía mundial: ciclos de expansión y contracción continuos porque los créditos suponen un mayor consumo presente a costa de un menor consumo futuro. De la crisis de las .com se salió con dinero barato y condujo a una recesión aún más grave y en esta estamos haciendo lo mismo y ya veremos la gravedad de la próxima crisis… Es un círculo vicioso al que no veo final.

Yo considero que el consumidor no es culpable de nada: si le ofrecen estabilidad laboral, buenos ingresos, productos atractivos y un precio asequible (e incluso cuando no lo es como el caso de los iPhones), seguro que gasta, y si no lo hace es porque detecta que no se cumplen esos requisitos o algunos de ellos. También creo que el ahorro es el verdadero impulsor del progreso, y es falso diferenciarlo de la inversión ya que cuando hacemos un depósito en el banco éste mueve ese dinero por nosotros, muy poco ahorro se guarda bajo una baldosa y está quieto, el capital que hay dentro del sistema financiero siempre se está moviendo. Pero fuera de estas disquisiciones lo que me llama más la atención es lo insostenible que es el modelo keynesiano sin bruscas crisis. Las teorías de priorizar el gasto sobre el ahorro –tan seguidas por los dirigentes actuales- no tuvieron en cuenta ni la gran explosión del crédito de los años anteriores a la última crisis ni el futuro de nuestro planeta. ¿Cómo vamos a basar todo el desarrollo económico de 7 mil millones de individuos en el gasto continuo, en el consumo desaforado y en endeudarnos, vamos a esquilmar todos los recursos naturales del planeta para que no baje la producción? Aquí es donde las teorías keynesianos, en teoría más de “izquierdas” chocan de frente con el movimiento ecologista, teóricamente afín, dejando de nuevo en evidencia la costumbre de etiquetar y simplificar los pensamientos de las personas.

Pero es que además esta ansia por consumir va contra el propio ser humano: los que somos padres sabemos que cuanto más regalos obtienen los niños menos los valoran. Nada demuestra que toda esta abundancia de bienes materiales, que durante la próxima crisis echaremos de menos y nos hará más infelices, nos vayan a hacer mejores. Basar el crecimiento en consumir, y consumir generando deudas para los que vengan detrás acabará con la Humanidad (sea por las deudas en sí, sea porque caiga todo el sistema al dejar de confiar en los bancos centrales que “imprimen” dinero a conveniencia) si no acaba antes con nuestro ecosistema, que al fin y al cabo es lo mismo. Ya no hablamos sólo de economía sino de supervivencia.