miércoles, 24 de enero de 2018

Bulos, economía y noticias

Tanto en las noticias como en la obras de ficción (por ejemplo las últimas temporadas de Homeland y House of Cards) está de moda la manipulación de las noticias a través de la red: medias verdades cuando no mentiras enteras, miles de perfiles falsos para difundir con más facilidad los bulos en las redes sociales, introducción en medios de comunicación tradicionales para aumentar la verosimilitud de lo que se quiere trasmitir… Lo que más me llama la atención de todo esto es que se crea que hay un solo responsable de todo esto cuando en mi opinión es algo que lleva años pasando y en el que por supuesto están metidas todas las grandes potencias. Al fin y al cabo, todo vale en publicidad y esto no es más que eso: publicidad.

Todos asumimos que los supermercados colocan los productos de una determinada manera para que compremos lo que ellos quieren, que usen a una mujer muy guapa para mostrarnos las cualidades técnicas de un automóvil o a un hombre muy atractivo para anunciar un refresco… Nos manipulan y lo sabemos y lo aceptamos, ¿Cómo no iba a pasar lo mismo con las noticias? Y de hecho, pasa con las noticias desde tiempos inmemoriales, siempre se han manipulado por los poderosos y desde luego está en el origen de todos los medios de comunicación públicos controlados por políticos y de los privados que viven de licencias y promociones pagadas con dinero del erario. Ahora con la red es evidente que todo esto es algo más fácil pero ¿De qué nos sorprendemos?

Cultura y formación son la única vacuna contra los que nos quieren vender productos o ideas, inteligencia para discernir lo importante de lo accesorio y astucia para saber cuándo somos manipulados. Pero aun con todas esas cualidades, pasará. Existe un estudio mítico para los teóricos de los mercados y que se llama “Tom Sawyer and the Construction of Value”, escrito por Dan Ariely, George Loewenstein y Drazen Prelec y en uno de los ejemplos que pone sale un profesor que anuncia a su clase que leerá un poema de un autor conocido de EEUU durante 15 minutos. Entonces separa a la clase en dos grupos sin contacto entre ellos y hace las siguientes preguntas diferentes a cada grupo:
  • Grupo 1: “¿Quién está dispuesto a pagar dos dólares por escuchar mi lectura de los poemas?” 
  • Grupo 2: “¿Quién estaría dispuesto a que yo le pagara dos dólares a cambio de escuchar mi lectura de los poemas?” 
La respuesta que dan los grupos es totalmente lógica. En el grupo 1 tan sólo un 3% aceptarían pagar esos dos dólares. En el grupo 2, lógicamente, el número de los que están dispuestos a cobrar dos dólares por escuchar al profesor es mucho más elevado, en concreto del 59%. Hasta aquí todo muy normal, pero el profesor entonces le dice a cada grupo que la audición será gratis, es decir, que los del grupo 1 no tendrán que pagar por escucharle y que los del grupo 2 no van a cobrar por escucharle, y entonces pregunta a todos: ¿Cuántos, sabiendo esta condición de que ni cobro ni pago por escucharme, estáis dispuestos a oír mi lectura? Lo lógico sería que aproximadamente el mismo número de alumnos del grupo 1 que del grupo 2, estuvieran dispuestos a escuchar la audición, una vez suprimido el cobro o el pago… pero la mente humana no es lógica y se ve muy fácilmente manipulada. Y si no, vean:
  • El 35% de los alumnos del grupo 1, es decir, a los que inicialmente se les había pedido dinero por escuchar la lectura, dice que irán a la audición gratuita. Pero, sin embargo, tan sólo ¡el 8%! del grupo 2, es decir, de los que creían inicialmente que iban a cobrar, está dispuestos a ir a la lectura. ¿Qué ha pasado aquí? Que la pregunta inicial efectuada a los diferentes grupos ha condicionado a la mente humana, ha aparecido el efecto Tom Sawyer (llamado así por un episodio similar en el que se ve metido este personaje de ficción). Los del grupo 1 tienen un concepto del valor de la lectura del poema muy diferente a los del grupo 2, porque para ellos al tener que pagar primero y luego ser gratis, ahora vale más; para los otros es al revés, al ir a cobrar primero y ahora tenerlo que hacer gratis supone una pérdida de valor en su mente, cuando al final no hay nada de eso, la lectura tiene el mismo valor para todos.
Este experimento ha sido repetido por numerosos investigadores de muchas maneras y el resultado siempre es el mismo. Esta valoración diferente que hace el ser humano de un mismo dato dependiendo de la información que nos hayan suministrado antes, tiene muchas lecturas pero voy a citar sólo una conclusión que se me ocurre que aplicar a los mercados financieros y la economía: Un dato (sea macro o micro, sea el dato de IPC o los resultados de Apple) será considerado bueno o malo más en función de la expectativa que teníamos de lo que iba a salir que por el valor del dato en sí. Por eso la manipulación es tan sencilla si la información previa ya ha sido manipulada… Pero no nos desesperemos, desde pequeños nos pasa cada vez que vemos algún anuncio: alguien nos quiere vender algo con información sesgada cuando no directamente falsa y utiliza para ello todas las armas psicológicas que conoce. Deberíamos estar acostumbrados. Sólo nos queda estar alertas y pensar por nosotros mismos, poco más podemos hacer porque incluso quien informa tratando de ser objetivo puede estar, sin saberlo, trasmitiendo algún bulo.

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