miércoles, 3 de enero de 2018

Capitalismo e Historia Antigua

Siempre es necesario ir a la raíz de un fenómeno para poder entenderlo, ahí radica la importancia no solo de conocer la Historia, también de saber interpretarla. Si queremos empezar por el principio debemos retroceder bastante lejos, hasta los comienzos de la Prehistoria, esas decenas de miles de años de los que desconocemos casi todo pero que han marcado para siempre al ser humano. No somos conscientes hasta qué punto. Por ejemplo, la ciencia dice que nos sentimos tan atraídos por los alimentos más calóricos (sí, la culpa de nuestro amor al bacon y al azúcar es de nuestros antepasados) porque durante todo ese periodo tan largo desconocíamos cuándo sería nuestra próxima comida y, lógicamente, nos llenábamos el estómago con lo que más energía nos podía proporcionar. Llevamos muy pocas generaciones dando por hecho que el alimento es algo asegurado, y ni siquiera hoy ocurre esto en todo el planeta.

Retrocedo tanto en el tiempo porque para entender nuestro sistema económico actual debemos viajar al momento en el que la propiedad privada nació. La igualdad total nunca ha existido, es un mito, como mucho un objetivo; cuando en el mundo animal se convive en grupo, los más fuertes, los más astutos, los más talentosos…  disponen del mejor alimento y refugio, incluso de más posibilidades de reproducción lo que no deja de ser una forma de privilegio. Y en el momento en que por ejemplo un león enferma o envejece llega otro y le roba esos privilegios, en general con una demostración de fuerza. En los homínidos podemos intuir que el proceso fue similar aunque la inteligencia poco a poco fue desplazando a la fuerza física y un jefe de una tribu podía no ser el más fuerte sino el que mejor sabía utilizar la fuerza de los demás. Suponemos que esos hombres primitivos pertenecientes a grupos de nómadas que vivían de la recolección, empezaron a sentir algunos objetos como suyos como quizás una piedra especialmente afilada. Y en el momento en que nació el sedentarismo el proceso se aceleró porque el hombre disponía de algo que acumular.

Este punto de la Historia en el que empieza a haber fronteras dentro de las comunidades entre lo que es de uno y es de otro es clave para comprender que los principios del capitalismo no fueron un invento ajeno al hombre sino que fueron intrínsecos a nuestra propia naturaleza. Todos miramos primero por nosotros mismos, después por nuestro entorno más cercano (familia y amigos), y luego está el resto, ¿Por qué iba a ser distinto en economía? Al nacer la propiedad privada también nacen los instrumentos para defenderla, de ahí a crear normas y castigos para quien viole esa propiedad hay un paso que acaba derivando en leyes y en estados –por más que les duela a algunos liberales- con una infraestructura para hacerlas cumplir. Las sociedades humanas –las excepciones que hemos conocido eran tribus aisladas donde la productividad lleva siglos sin crecer- se construyen a partir del principio de la propiedad privada: el sistema legislativo, político y jurídico nacen de él.

Por desgracia, no sabemos apenas nada de las normas que existían antes de la escritura pero podemos suponer que las leyes escritas más atávicas no surgieron espontáneamente sino que son el fruto de una larga tradición anterior. Si miramos los códigos más antiguos que se conocen, como el de Hammurabi –que se cree es del siglo XVIII antes de Cristo-, podemos comprobar que se castigan no sólo las violaciones y los asesinatos, también los robos, incluso se legisla acerca de si un padre puede o no desheredar a un hijo. Siglos antes, en el Egipto de los faraones, los muertos creían que dispondrían de sus mejores objetos en la “otra vida” y consideraban importante ser enterrados con ellos. A mayor riqueza del fallecido, mayor lujo en sus tumbas. Ya entonces la posesión era algo tan arraigado que confiaban en no perder sus pertenencias ni muertos. Hace varios miles de años.


En resumen, tras este rápido viaje al pasado podemos deducir que el sistema económico actual puede (y debe) reformarse pero sus principios básicos no nos son ajenos sino que surgen de nuestra propia evolución como seres sociales. Bueno o malo es lo que hay. Seguiremos con este tema en otras entregas.

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